Lev Manévich nació el 20 de agosto de 1898 en la ciudad de Cháusy, en el territorio de la actual Bielorrusia. Su padre, Efim Manévich, era un modesto empleado de escasos recursos, mientras que su madre se dedicaba al hogar y a la crianza de Lev, de su hermana mayor, Amalia, y de su hermano Yákov, quien desde joven abrazó la causa revolucionaria.
Yákov estaba sirviendo en el ejército zarista cuando unos agentes irrumpieron en su cuartel para registrarlo. Le encontraron un mimeógrafo, literatura prohibida, una pistola con munición y dinamita, por lo que fue condenado a trabajos forzados. Aun así, junto con otros correligionarios encabezó un motín, que fue sofocado rápidamente. A diferencia de sus trece compañeros condenados a muerte, Yákov tuvo suerte: en 1905 lo enviaron a un destierro perpetuo en Siberia. Sin embargo, no tenía la menor intención de pasar allí el resto de su vida y, un año después, logró burlar a la guardia y escapar. Su camino lo llevó entonces a Suiza.
Años más tarde, su hermano menor, Lev, se reunió con él en Zúrich. Allí, ingresó en una escuela politécnica, de la que se graduó en 1913. Para entonces, al igual que su hermano mayor, hablaba con soltura italiano, alemán y francés. Yákov optó por la medicina, mientras que Lev se marchó a estudiar ingeniería en la Universidad de Ginebra.
Tras la Revolución de Febrero de 1917, los hermanos Manévich decidieron regresar a su patria. En abril de 1918, Lev se enroló en el Ejército Rojo y, poco después, ingresó al Partido Comunista.
Lev Manévich vivió toda la Guerra Civil, que lo llevó desde Azerbaiyán hasta Siberia, pasando por el Volga. Resultó herido en combate en varias ocasiones. Fue entonces cuando descubrió en sí mismo cualidades que marcarían buena parte de su futura vocación: la elocuencia y el don de entenderse con la gente. Así, en cierta ocasión, en Baskortostán, consiguió que todo un destacamento de 600 insurgentes contra el poder soviético, ocultos en los bosques, depusiera las armas. A aquel joven de buena formación se le pedía con frecuencia que interviniera en los mítines o impartiera conferencias sobre los más diversos temas.
En 1922 ingresó como alumno en la Academia Militar, donde en dos años dominó el inglés. Al terminar sus estudios, empezaron a prepararlo para labores de inteligencia en Alemania. Bajo el seudónimo de 'Étienne', partió a Berlín, donde obtuvo información valiosa entre 1925 y 1927.

La oficina del señor Kärtner
Se le encomendó establecerse legalmente en Viena, haciéndose pasar por un empresario llamado Konrad Kärtner. Como fachada, abrió allí una oficina de patentes, donde registraba y vendía licencias de toda clase de inventos. Pronto tejió una amplia red de contactos entre pilotos, ingenieros, técnicos y diseñadores aeronáuticos.
Asimismo, se le encargó montar una red clandestina en Italia y abastecer a Moscú de información sobre pilotaje automático, vuelos "a ciegas", el manejo de aeronaves en condiciones meteorológicas adversas y la construcción naval militar. Un verdadero golpe de suerte fue firmar un contrato con la empresa alemana Neptun, fabricante de acumuladores, también para submarinos. Sus excelentes relaciones con la dirección de la compañía le valieron que le ofrecieran ser el representante oficial de Neptun en Italia.
Hacia 1931, el agente estaba plenamente listo para instalarse en Milán. Había salido al extranjero con su esposa, Nadezhda, y su pequeña hija, Tatiana, pero se decidió que la familia permanecería en Viena, adonde él acudiría de cuando en cuando. Además de Neptun, Manévich representaba en Italia los intereses de varias firmas alemanas, austriacas y checas dedicadas a la fabricación de equipos aeronáuticos e instrumentos de visión nocturna.

Su prestigio social se veía reforzado por una cuenta abierta en el Deutsche Bank y por su pertenencia a la cámara de comercio local. Gracias al respaldo de los directivos de empresas próximas a la Wehrmacht, Lev viajaba a España y frecuentaba un aeródromo donde se reunían los partidarios del fascismo. Estos no tardaron en confiar en aquel especialista: empezaron a invitarlo a encuentros en los que se analizaban las ventajas y los inconvenientes de las novedades de la aviación alemana e italiana.
Toda la información que reunía (por ejemplo, sobre las particularidades de la fundición en la fabricación de motores de avión), la remitía a Moscú. Una vez estudiados, esos documentos pasaban de inmediato a las oficinas soviéticas de diseño aeronáutico. Además, fue rodeándose paulatinamente de informantes: en total, doce agentes en Turín, Bolonia, Génova, Milán y La Spezia trabajaban para la inteligencia soviética.
Un transmisor en el gramófono
'Konrad Kärtner' tenía, además de los aviones, otra pasión: la ópera. Sentía especial devoción por el teatro milanés de La Scala. A los conciertos acudía acompañado de una joven llamada Ingrid. Para los conocidos, todo estaba claro: el 'austriaco' vivía un romance. La pareja disfrutaba embelesada de las funciones y, en los entreactos, visitaba el museo del teatro. Por las noches, en cambio, Ingrid transmitía a Moscú la información que 'Kärtner' le pasaba durante los conciertos.
Ocultaba el transmisor en un gramófono. En honor a las aficiones de la radiotelegrafista, su emisora tenía el indicativo musical 'Traviata'. A través de Ingrid pasaba información de lo más variada, desde planes de gobiernos europeos hasta noticias de las tropas alemanas, así como las características del armamento más moderno: aviones, tanques y artillería.
Durante su etapa en Italia, Manévich hizo llegar a la URSS cerca de 190 documentos de gran importancia, entre ellos los planos de los submarinos de clase Mameli y Bragadin, del cañón Breda y de los sistemas del centro de control de proyectiles lanzados desde buques de guerra. El agente remitió a Moscú los esquemas y datos de los ensayos de seis prototipos de cazas Caproni y Fiat CR, así como del bombardero Fiat BR.
Un error fatal
Poco antes de su detención, Manévich empezó a notar que unos desconocidos lo seguían sin descanso. Al comprender que había caído en la trampa, se puso en contacto con la radiotelegrafista, quien, siguiendo sus instrucciones, se deshizo del transmisor arrojando el gramófono al lago y logró refugiarse en Suiza.
Lev ignoraba entonces que la Policía ya tenía en sus manos a uno de sus agentes, Pasquale Esposito, a quienes habían hecho creer que su hijastra Gianina había sido detenida y sometida a atroces torturas. Para ese momento, 'Kärtner' lo tenía todo listo para marcharse, pero el sentido del deber hacia su patria lo empujó a dar un paso fatal: aceptó recoger unos planos una última vez. El día en que Pasquale le entregó el paquete con los documentos en un restaurante de Milán, Manévich fue apresado. Fruto de aquella traición, el 12 de diciembre de 1936 lo arrestaron y lo acusaron de espionaje militar.
Se conserva un extracto de la sentencia del tribunal de Turín. En enero de 1937, el tribunal dejó constancia: "La actividad delictiva de Kärtner fue vasta: extendió sus tentáculos también a Turín, Génova, Bolonia, Brescia y La Spezia. Logró captar a valiosos especialistas y expertos técnicos que prestaban servicio en empresas industriales proveedoras de las fuerzas armadas italianas y alemanas". Lo condenaron a 15 años de prisión.
Según algunas fuentes, Manévich prosiguió su labor de inteligencia incluso entre rejas. Averiguó que entre los reclusos había comunistas y estableció contacto con ellos. Supo demostrarles de forma convincente que no era un infiltrado enviado por los servicios secretos. Una vez que se cercioraron de que trataban con un auténtico agente soviético, empezaron a proporcionarle información. El Partido Comunista, prohibido bajo Mussolini, contaba con una amplia red de simpatizantes clandestinos y tenía acceso a numerosas estructuras del Estado. El recluso 'Kärtner' pedía que se recabaran ciertos datos y se hicieran llegar a los agentes soviéticos que seguían en libertad.
Así pasó nueve años aquel 'empresario austriaco' condenado. En prisión contrajo la tuberculosis, por lo que en la primavera de 1941 lo trasladaron a la cárcel de la isla de Santo Stefano, en el mar Tirreno. Transcurrieron luego algo más de dos años y cayó el régimen de Mussolini. El 9 de septiembre de 1943, un contingente de paracaidistas estadounidenses desembarcó en Santo Stefano, tomó el edificio de la prisión y anunció la liberación de los presos.
A bordo de una barca de pesca, un grupo de reclusos desembarcó en el pueblo portuario de Gaeta. Pero, casi de inmediato, los alemanes recuperaron la localidad. Circular con el certificado de liberación expedido por los aliados resultaba peligroso. 'Kärtner' escondió los papeles, pero al poco fue capturado por los fascistas. Aquel austriaco mal vestido, sin dinero ni documentos, despertó las sospechas de los alemanes, que lo enviaron "de regreso a su patria" para investigarlo.

Él comprendió que su tapadera austriaca, precisamente en un campo de concentración austriaco, tenía todas las de venirse abajo. En ese instante, murió a su lado un prisionero ruso apellidado Yákovlev. Podría haberlo aprovechado, pero se trataba de un hombre al que no conocía y del que tendría que inventarse toda una biografía. Por eso, cuando empezaron a interrogarlo, declaró: "No soy Yákovlev, sino Starostin". No necesitaba inventar nada, pues Starostin había sido amigo suyo durante la Guerra Civil. Aquí termina la historia del comerciante austriaco. Después de la cárcel, el 'coronel Starostin' fue enviado a varios campos de concentración en Austria: en Mauthausen fue testigo de las torturas con hielo y de la muerte del teniente general Dmitri Kárbyshev. Más tarde lo enviaron al campo de Melk y, por último, al de Ebensee.
Según las fuentes oficiales, Manévich dirigió en Ebensee una organización clandestina y a menudo se negaba a salir a trabajar. También se le atribuye un episodio heroico: en los últimos días de la guerra, salvó la vida a 16.000 prisioneros del campo al gritar en tres idiomas a una columna de reclusos que se detuviera y no avanzara hacia la galería que los nazis planeaban explosionar con ellos dentro. La columna se detuvo y no se movió de allí: miles de vidas se salvaron.
El 6 de mayo de 1945, las tropas estadounidenses liberaron a los prisioneros del campo, pero, según la versión oficial, Manévich estaba ya gravemente enfermo y a los pocos días falleció de tuberculosis. Antes de morir, alcanzó a decir a un compañero: "Comunica a Moscú que soy Étienne. Diles que no toquen a mi familia. Hice todo cuanto pude… Recuérdalo: Étienne".
Lev Manévich fue enterrado bajo el nombre de Starostin, pero a mediados de 1948 sus restos fueron trasladados al cementerio de San Martín Sur, en la ciudad austriaca de Linz, donde reposan más de 850 soldados soviéticos caídos durante la liberación de Austria. Sobre su tumba se erigió entonces un obelisco con la inscripción: "Aquí yacen los restos del coronel soviético Starostin. Falleció el 12 de mayo de 1945".
No fue hasta 1965 cuando a Manévich se le concedió, a título póstumo, el título de Héroe de la Unión Soviética. Solo entonces cambió la inscripción del obelisco de su tumba. A la solemne ceremonia en el Kremlin fueron invitadas su esposa y su hija.
En la Unión Soviética se dio su nombre a calles y plazas en su honor, y se colocaron placas conmemorativas. La vida de Lev Manévich quedó recogida en la novela 'Tierra, lista de correos' y en 'Étienne y su sombra'. Esta novela, a su vez, sirvió de base para la película homónima filmada en 1973.








