En la noche del jueves al viernes, el estrecho de Ormuz volvió a ser escenario de un intenso intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán.
A pesar de la nueva escalada, Donald Trump afirmó que el alto el fuego "sigue en vigor" y que las negociaciones avanzan de manera positiva. Sin embargo, aunque tanto Washington como Teherán están interesados en evitar una nueva guerra a gran escala, la tregua sigue siendo extremadamente frágil y podría romperse en cualquier momento.
¿Qué pasó?
Según la agencia estatal iraní IRIB News, el ataque se inició con una agresión estadounidense contra un petrolero iraní en las cercanías del estrecho de Ormuz. El portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya de Irán, Ebrahim Zolfaghari, declaró que Washington, en violación del alto el fuego, atacó dos buques iraníes: un cisterna que se desplazaba desde la zona de Jask hacia el estrecho, y otro que ingresaba a Ormuz frente al puerto de Fuyaira, en Emiratos Árabes Unidos.
Zolfaghari añadió que las fuerzas estadounidenses también bombardearon zonas civiles en las costas de los puertos de Khamir, Sirik y la isla de Qeshm, situada en el estrecho.
La versión oficial de Washington, emitida por el Mando Central de EE.UU. (CENTCOM), presenta una narrativa diametralmente opuesta: fueron las fuerzas iraníes las que lanzaron ataques con misiles, drones y pequeñas embarcaciones contra tres destructores estadounidenses (el USS Truxtun, USS Rafael Peralta y USS Mason) mientras estos transitaban por el estrecho. La declaración señala que ningún activo de EE.UU. fue alcanzado.
"El CENTCOM no busca una escalada, pero se mantiene posicionado y listo para proteger a las fuerzas estadounidenses", afirmó la entidad.
Ambos están interesados en mantener la tregua
Más tarde, Donald Trump volvió a subrayar que la tregua "sigue en vigor". A pesar del intercambio de golpes, Maxim Gabrielian, analista del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Moscú, declaró a RT que el choque representa un incidente esporádico.
"Más bien se trató de una acción puntual en la que cada parte necesitaba, por decirlo de manera cruda, salvar las apariencias. Estados Unidos intentó romper en cierta medida el 'statu quo' existente y desbloquear el estrecho de Ormuz con su operación Proyecto Libertad. Irán, por su parte, temió perder prestigio en esta situación y decidió lanzar un ataque. En respuesta, Estados Unidos lanzó su propio ataque, por lo que, técnicamente, las partes se mantienen en sus posiciones", analizó el experto.
Gabrielian destacó que ambas partes están ahora interesadas en mantener la tregua. En Estados Unidos comienza la campaña electoral para el Congreso y las acciones bélicas en Irán corren el riesgo de socavar las posiciones de los republicanos, que ya de por sí podrían perder la Cámara de Representantes.
"Trump claramente no quiere ahora que la situación se agrave antes de su reunión con Xi Jinping, lo cual también es muy importante. Porque es evidente que el primer ataque contra Irán a finales de febrero estuvo, en parte, relacionado con contener a China", agregó.
"Trump quería llegar a Pekín en una posición más fuerte, pero esa estrategia no funcionó"
"Ahora Trump necesita mantener sus posiciones de alguna manera en la reunión con el líder chino. Y la reanudación de las hostilidades en Irán claramente no servirá para ese propósito", subrayó el experto.
En cuanto a Irán, Gabrielian estima que Teherán está satisfecho con el 'statu quo', en el que Washington se ve obligado a negociar no solo sobre el programa nuclear iraní, sino también sobre el estatus del estrecho de Ormuz.
¿Por qué sigue en peligro el alto el fuego?
A pesar del interés de las partes en mantener el alto el fuego, el riesgo de una nueva conflagración bélica sigue siendo alto.
Gabrielian señala a Israel como uno de los principales factores de inestabilidad, ya que Tel Aviv no participa formalmente en las negociaciones. "Israel es una parte al margen de toda esta historia. Y es evidente que la situación actual no le conviene", apunta el experto, que suma el conflicto en curso en el Líbano como una fuente adicional de tensión.
Sin embargo, el principal riesgo radica en que las partes aún no están dispuestas a hacer concesiones para llegar a un acuerdo, advierte. "A Trump, evidentemente, no le apetece cerrar un acuerdo que se vea igual, si no peor, que el acuerdo nuclear de Barack Obama. Porque a Trump se le acusará de inmediato de haber firmado exactamente el mismo acuerdo, solo que además provocó un conflicto armado por su culpa. Y a Trump, evidentemente, eso no le conviene. Quiere lograr algún tipo de acuerdo más revolucionario que le permita ser considerado una figura histórica", valora Gabrielian.
Por su parte, Teherán, al contar con nuevas herramientas de presión, quiere que Washington reconozca su nueva posición regional, considera el analista.
"Estados Unidos quiere salir de esta historia al menos como un relativo vencedor, mientras que Irán busca un reconocimiento fundamentalmente nuevo de la situación en Oriente Medio. Y es evidente que se trata de posiciones muy distantes, por lo que el riesgo de un nuevo enfrentamiento armado es, de hecho, muy alto", concluyó.




